RAMIRO II DE ARAGÓN: EL REY DETRÁS DE LA LEYENDA
La crisis de 1134, la Campana de Huesca y el acuerdo que cambió Aragón
Nota metodológica
Ramiro II de Aragón es uno de esos personajes medievales cuya imagen ha quedado atrapada entre la historia y la leyenda.
Durante siglos, la figura del llamado «rey monje» quedó asociada sobre todo a una historia espectacular: la Campana de Huesca. Según el relato tradicional, Ramiro habría convocado a los principales nobles del reino con el pretexto de enseñarles una enorme campana y, cuando estuvieron reunidos, habría ordenado ejecutarlos uno a uno. La escena ha pasado a formar parte de la memoria histórica de Aragón y fue representada posteriormente por artistas como José Casado del Alisal.
Pero una cosa es la tradición y otra la documentación.
La famosa historia de la Campana de Huesca fue escrita mucho después de los acontecimientos. La Crónica de San Juan de la Peña, donde aparece desarrollada la conocida escena de las coles, el huerto y las ejecuciones, pertenece al siglo XIV. Por tanto, no puede utilizarse como si fuera un testimonio directo de lo sucedido en 1135 o 1136.
Eso no significa que todo sea inventado.
Existen testimonios medievales anteriores que apuntan a una represión contra miembros de la nobleza durante el reinado de Ramiro II. Lo que no podemos saber con la misma seguridad es cómo se desarrolló exactamente aquella represión, cuántos nobles murieron o si la escena de la campana ocurrió alguna vez tal como la cuenta la tradición.
Este ensayo parte de esa diferencia.
Primero veremos lo que podemos conocer mediante documentos y fuentes medievales. Después analizaremos aquello que procede de tradiciones posteriores. Y, finalmente, intentaremos comprender qué hizo realmente Ramiro II y por qué un reinado de apenas tres años tuvo consecuencias tan importantes para la historia de Aragón.
I. UN HOMBRE DESTINADO A LA IGLESIA
Ramiro nació probablemente en 1086, aunque la fecha tradicional del 24 de abril no puede considerarse demostrada mediante un acta contemporánea.
Era hijo de Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona, y de Felicia de Roucy. Fue el menor de los hijos varones del monarca y desde muy joven fue destinado a la vida eclesiástica.
Esta decisión tenía sentido dentro de la sociedad medieval.
Las familias reales no destinaban necesariamente a todos sus hijos varones a gobernar. Mientras el primogénito heredaba el trono, otros podían recibir cargos eclesiásticos de gran importancia.
Ramiro fue enviado al monasterio de Saint-Pons-de-Thomières, en el sur de Francia, donde recibió formación religiosa bajo la influencia del abad Frotardo.
Aquella educación marcaría profundamente su vida.
Durante los años siguientes apareció relacionado con diferentes proyectos eclesiásticos. Se pensó en él para ocupar varias sedes episcopales y su hermano Alfonso I, el Batallador, utilizó su posición dentro de la política religiosa de la monarquía.
Pero existe aquí una cuestión que debemos tratar con cuidado.
A veces se ha presentado la carrera eclesiástica de Ramiro como si Alfonso hubiera querido deliberadamente apartarlo del trono.
No podemos demostrar esa intención con seguridad.
Lo que sí sabemos es que Ramiro estaba siendo preparado para una vida eclesiástica y que, en 1134, se encontraba muy lejos de parecer el sucesor natural de su hermano.
El futuro rey de Aragón no estaba destinado, en principio, a ser rey.
II. LA MUERTE DEL BATALLADOR
El 7 de septiembre de 1134, Alfonso I murió después de resultar gravemente herido en la batalla de Fraga.
Su muerte provocó una de las mayores crisis políticas de la historia medieval aragonesa.
Alfonso no tenía descendencia.
Y había dejado un testamento extraordinario.
En 1131 había dispuesto que sus dominios pasaran a varias órdenes militares vinculadas a Tierra Santa: el Temple, el Hospital y el Santo Sepulcro de Jerusalén.
Si aquel testamento se hubiera ejecutado literalmente, el futuro político de Aragón habría sido completamente diferente.
Pero la nobleza y las principales fuerzas políticas de los territorios de Alfonso no estaban dispuestas a aceptar una solución que dejaba el poder en manos de instituciones militares-religiosas extranjeras.
La crisis abrió diferentes caminos.
En Pamplona fue elegido García Ramírez.
En Aragón surgieron varios candidatos.
Entre ellos estaba Pedro de Atarés, perteneciente a una rama relacionada con la antigua aristocracia de Ribagorza.
Y estaba Ramiro.
El hermano del difunto rey.
La elección no fue simplemente una sucesión automática.
Ramiro no había sido preparado para convertirse en monarca.
Era un hombre de Iglesia.
Pero pertenecía a la dinastía reinante.
Y en una situación de emergencia, esa legitimidad dinástica resultó decisiva.
El 29 de septiembre de 1134, Ramiro fue reconocido como rey en Zaragoza.
Había comenzado un reinado que, en principio, nadie esperaba que existiera.
III. ARAGÓN DESPUÉS DE ALFONSO
Ramiro heredó un reino en una situación extremadamente complicada.
Alfonso I había dejado una herencia territorial considerable, pero también un escenario político lleno de problemas.
Pamplona se separó definitivamente de Aragón.
García Ramírez consolidó su posición como rey de Pamplona.
Y desde Castilla, Alfonso VII intervino en la crisis.
El emperador ocupó Zaragoza y trató de aprovechar la debilidad aragonesa para aumentar su influencia.
Ramiro tenía, por tanto, varios problemas al mismo tiempo.
Necesitaba consolidar su posición dentro del reino.
Tenía que enfrentarse a una nobleza que no había aceptado necesariamente su elección con entusiasmo.
Debía contener la presión de Alfonso VII.
Y necesitaba resolver la cuestión de Navarra.
No era una tarea sencilla para un hombre que había pasado gran parte de su vida dentro de la Iglesia.
Ramiro no era un gran comandante militar como había sido Alfonso I.
Pero sería un error convertir esa diferencia en una supuesta incapacidad para gobernar.
Su principal instrumento durante estos años no fue la conquista.
Fue la política.
IV. EL INTENTO DE RECUPERAR LA UNIÓN CON NAVARRA
Uno de los primeros problemas que Ramiro intentó resolver fue la relación con García Ramírez.
Aragón y Pamplona habían estado unidos bajo una misma dinastía durante generaciones.
Ahora volvían a ser reinos separados.
En Vadoluengo, en 1135, Ramiro y García alcanzaron un acuerdo conocido tradicionalmente como el ahijamiento.
La fórmula era complicada.
Ramiro buscaba conservar la dignidad y la posición superior que correspondían al rey de Aragón, mientras García asumía un papel militar importante.
El acuerdo pretendía resolver una situación que ambos necesitaban controlar.
Pero no funcionó.
La intervención de Alfonso VII alteró el equilibrio.
García Ramírez consolidó finalmente su independencia.
Y Ramiro quedó todavía más expuesto.
Aragón no podía recuperar simplemente la situación anterior a 1134.
El reino necesitaba encontrar su propio camino.
V. LA NOBLEZA Y LA CRISIS DE 1135
Mientras Ramiro intentaba solucionar los problemas exteriores, dentro de Aragón crecía la tensión.
Una parte de la nobleza no estaba dispuesta a aceptar fácilmente a un rey cuya experiencia anterior había sido principalmente religiosa.
La situación llegó a ser lo suficientemente grave como para que Ramiro abandonara temporalmente Aragón y se refugiara en Besalú.
Este episodio es fundamental para comprender al personaje.
Porque demuestra que la autoridad de Ramiro no estaba asegurada.
El nuevo rey podía ser legítimo desde el punto de vista dinástico y, al mismo tiempo, encontrarse políticamente en una posición muy débil.
Y es aquí donde debemos situar la futura historia de la Campana de Huesca.
No debemos comenzar por la leyenda.
Debemos comenzar por el problema real:
Ramiro necesitaba recuperar el control de su reino.
VI. LA CAMPANA DE HUESCA: ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA
La historia tradicional es conocida.
Ramiro habría pedido consejo a un antiguo maestro suyo.
El abad le habría mostrado un huerto y habría cortado las plantas que sobresalían por encima de las demás.
El mensaje era sencillo: los nobles que destacaban demasiado debían ser eliminados.
Ramiro habría comprendido la enseñanza.
Convocó entonces a los principales nobles en Huesca.
Les dijo que estaba construyendo una campana tan grande que su sonido podría escucharse por todo Aragón.
Los nobles acudieron.
Y allí fueron ejecutados.
Después, según la tradición, Ramiro habría mostrado sus cabezas como advertencia al resto de la aristocracia.
Es una historia poderosa.
Pero no es un acta.
La narración desarrollada aparece en la Crónica de San Juan de la Peña, redactada en el siglo XIV, aproximadamente dos siglos después de los acontecimientos.
Por tanto, debemos separar la leyenda del posible hecho histórico que se encuentra detrás.
Existen testimonios medievales anteriores que apuntan a una represión de nobles durante el reinado de Ramiro.
Los Anales Toledanos Primeros contienen una noticia relativa a la muerte de las «potestades» en Huesca.
También existe una tradición transmitida por el historiador andalusí Ibn ʿIdārī, relacionada con la ejecución de nobles que habrían participado en el ataque a una caravana musulmana después de romper una tregua.
Estos testimonios permiten pensar que hubo una represión violenta de parte de la aristocracia aragonesa.
Pero no permiten reconstruir con seguridad la escena de la campana.
No sabemos cuántos nobles fueron ejecutados.
No podemos asegurar que todas las muertes se produjeran en un mismo lugar.
No sabemos si las cabezas fueron realmente utilizadas para formar la imagen que aparece en la leyenda.
Y tampoco podemos repetir como hecho histórico el discurso atribuido a Ramiro.
Lo que sí parece razonable afirmar es que el rey consiguió recuperar el control político mediante una combinación de autoridad, negociación y, probablemente, una demostración de fuerza.
La leyenda convirtió ese proceso en una escena memorable.
La historia documentada es mucho más sobria.
VII. RAMIRO Y EL PROBLEMA DE LA SUCESIÓN
Una vez recuperada una cierta estabilidad, quedaba un problema fundamental.
Ramiro necesitaba asegurar la continuidad de la dinastía.
Su matrimonio podía resolverlo.
El 13 de noviembre de 1135, en Jaca, contrajo matrimonio con Inés de Poitou.
Inés era hija de Guillermo IX de Aquitania y viuda de Aimery V de Thouars.
No era una elección casual.
Ya había tenido hijos en su matrimonio anterior y pertenecía a una poderosa familia de la aristocracia europea.
Para Ramiro, la cuestión fundamental era tener descendencia.
La solución llegó rápidamente.
En 1136 nació Petronila.
La fecha exacta del nacimiento ha sido objeto de diferentes propuestas y no debemos fingir una precisión absoluta que las fuentes no permiten.
Pero lo importante es el hecho fundamental:
Ramiro tenía ahora una hija y heredera de la dinastía.
Eso cambió completamente el problema político.
Hasta entonces, el futuro de Aragón dependía de un rey que había sido elegido en una situación de emergencia.
Ahora existía una heredera legítima.
La continuidad de la dinastía estaba asegurada.
VIII. PETRONILA: UNA NIÑA EN EL CENTRO DE LA POLÍTICA
Petronila no podía gobernar.
Era una niña.
Pero su existencia tenía un enorme valor político.
Quien controlara su futuro matrimonio tendría una influencia decisiva sobre el futuro de Aragón.
Esta situación explica buena parte de la importancia del acuerdo alcanzado en 1137.
Ramiro necesitaba encontrar una solución que garantizara la continuidad del reino.
Y esa solución no podía depender de que él permaneciera indefinidamente en el poder.
Su trayectoria personal también apuntaba en otra dirección.
Ramiro había sido monje y hombre de Iglesia antes de convertirse en rey.
Su objetivo parecía ser garantizar la sucesión y regresar después a una vida más cercana a la que había llevado antes de 1134.
Para hacerlo necesitaba encontrar un hombre capaz de asumir el gobierno efectivo del reino sin destruir los derechos de su hija.
Ese hombre sería Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.
IX. EL ACUERDO DE 1137
En agosto de 1137, en Barbastro, se produjo el acuerdo fundamental.
Ramiro entregó a Ramón Berenguer IV a su hija Petronila y estableció las condiciones políticas de la futura unión.
El documento es extraordinariamente importante porque permite escuchar directamente la voz de los protagonistas a través de la documentación.
Ramiro no desaparece simplemente.
No entrega Aragón como si fuera una propiedad privada y deja de existir políticamente.
El acuerdo establece fidelidades y derechos concretos.
Ramón Berenguer debía respetar los derechos de Ramiro y de Petronila.
Y el propio Ramiro dejó escrita una frase que resulta fundamental para comprender la situación:
«Aunque te entregue el reino, no pierdo mi dignidad.»
La frase puede parecer extraña para un lector moderno.
Pero precisamente por eso es importante.
Ramiro estaba entregando el gobierno efectivo del reino, pero quería dejar claro que no estaba renunciando simplemente a su condición de rey.
En los documentos posteriores aparece esta complejidad.
Ramón Berenguer gobernó Aragón.
Pero Petronila continuó siendo reina.
No debemos trasladar al siglo XII nuestro concepto moderno de Estado.
Aragón y los territorios catalanes no se convirtieron de repente en un único Estado centralizado.
Se produjo una unión dinástica.
Dos realidades políticas diferentes quedaron vinculadas por una misma dinastía.
Con el tiempo, aquella unión daría lugar al desarrollo de la Corona de Aragón.
Pero la Corona, tal como la conocemos históricamente, fue el resultado de un proceso posterior.
X. EL LLAMADO «CASAMIENTO EN CASA»
La relación entre Ramiro, Petronila y Ramón Berenguer ha generado una importante discusión entre los historiadores.
Antonio Ubieto Arteta desarrolló una interpretación conocida como «casamiento en casa».
Según esta interpretación, la solución de 1137 podía entenderse dentro de determinadas costumbres jurídicas y familiares propias del Aragón medieval.
La hipótesis ha tenido una enorme influencia.
Pero no debemos convertir una interpretación historiográfica en un hecho indiscutible.
La documentación de 1137 no contiene una explicación jurídica completa que permita afirmar que el llamado «casamiento en casa» fuera una institución formalmente definida tal como posteriormente se ha interpretado.
Tampoco debemos aceptar la explicación contraria de que Aragón fue simplemente absorbido por Barcelona.
Los documentos son más complejos.
Ramiro conserva su dignidad.
Petronila conserva sus derechos.
Ramón Berenguer recibe el gobierno efectivo.
Y la relación política entre Aragón y Barcelona comienza a construirse sobre esa base.
Esa es la realidad documental.
Las diferentes interpretaciones vienen después.
XI. RAMIRO DESAPARECE DEL PODER
Después del acuerdo de 1137, Ramiro abandonó progresivamente la vida política.
Regresó a San Pedro el Viejo de Huesca.
El antiguo monje volvía al lugar relacionado con su trayectoria religiosa.
Pero ahora era un hombre diferente.
Había sido elegido rey en una de las mayores crisis sucesorias de Aragón.
Había tenido que enfrentarse a una nobleza rebelde.
Había negociado con Navarra.
Había soportado la presión de Alfonso VII.
Había asegurado la continuidad dinástica.
Y había preparado la transferencia del gobierno a Ramón Berenguer IV.
Su reinado había durado apenas tres años.
Pero habían sido tres años decisivos.
XII. ¿CUÁNDO MURIÓ RAMIRO II?
Aquí volvemos a encontrar un problema historiográfico.
Durante mucho tiempo, la fecha tradicional fue 1147.
Autores como Zurita, Blancas y otros historiadores posteriores defendieron esa cronología.
Sin embargo, desde época moderna se planteó también una fecha diferente: 1157.
La discusión no es simplemente una cuestión de calendario.
Tiene consecuencias para comprender la relación entre Ramiro y el nuevo poder político representado por Ramón Berenguer IV.
Si murió en 1147, su retirada fue relativamente breve.
Si murió en 1157, habría vivido veinte años después de su acceso al trono y habría contemplado una parte importante de la consolidación de la nueva situación política.
La historiografía ha discutido ambas posibilidades.
Actualmente, las instituciones aragonesas sitúan su muerte el 16 de agosto de 1157.
Por prudencia, debemos mencionar el debate, pero podemos utilizar 1157 como la fecha adoptada actualmente por las fuentes institucionales aragonesas.
Ramiro fue enterrado en San Pedro el Viejo de Huesca.
Y allí permanece uno de los testimonios materiales más importantes de su memoria.
No el Ramiro de la campana.
No el personaje de la pintura romántica.
Sino el monarca que protagonizó una crisis política real y que consiguió transmitir la continuidad de su dinastía.
XIII. ¿QUÉ HIZO REALMENTE RAMIRO II?
La imagen tradicional presenta dos extremos.
Por un lado, aparece el monje bondadoso que, casi por accidente, termina convertido en rey.
Por otro, el monarca cruel que corta las cabezas de sus nobles y gobierna mediante el miedo.
Ninguna de las dos imágenes resulta suficiente.
Ramiro II fue un hombre formado para la Iglesia que tuvo que convertirse en gobernante.
No fue un gran conquistador.
No recuperó Pamplona.
No expulsó por las armas a Alfonso VII de Zaragoza.
No continuó la política militar de Alfonso I.
Pero su función histórica fue otra.
En primer lugar, consiguió que Aragón no desapareciera como reino después de la muerte del Batallador.
En segundo lugar, logró superar una grave crisis interna.
En tercer lugar, aseguró la continuidad de la dinastía mediante el nacimiento de Petronila.
Y, finalmente, estableció las condiciones para una unión dinástica con Barcelona que transformaría profundamente la historia peninsular.
Eso no convierte a Ramiro en un gran conquistador.
Lo convierte en algo diferente:
un rey cuya principal obra fue conseguir que Aragón sobreviviera a una crisis en la que su propia existencia política había estado en peligro.
XIV. LA CAMPANA Y LA MEMORIA
La leyenda de la Campana de Huesca sobrevivió porque era una historia perfecta.
Tenía un rey inesperado.
Tenía nobles rebeldes.
Tenía un maestro anciano.
Tenía un símbolo sencillo —las coles—.
Tenía una gran campana.
Y tenía un castigo ejemplar.
Era una historia fácil de recordar y difícil de olvidar.
Pero precisamente por eso debemos estudiarla con cuidado.
La leyenda nos dice mucho sobre cómo las generaciones posteriores quisieron recordar a Ramiro.
No necesariamente sobre lo que ocurrió exactamente en 1136.
Durante siglos, el relato fue utilizado para representar la autoridad del rey frente a una nobleza poderosa.
En el siglo XIX, la historia volvió a adquirir una enorme fuerza.
José Casado del Alisal convirtió el episodio en una de las grandes pinturas de historia de la pintura española.
La imagen quedó fijada.
Pero el historiador debe regresar a los documentos.
Y cuando lo hace, encuentra algo menos espectacular y mucho más interesante.
Encuentra un reino en crisis.
Encuentra una aristocracia poderosa.
Encuentra un rey con una autoridad inicialmente débil.
Encuentra negociaciones.
Encuentra violencia.
Encuentra un matrimonio.
Encuentra una niña que se convierte en heredera.
Y encuentra un acuerdo político que cambia el futuro de Aragón.
XV. 1137: EL MOMENTO QUE CAMBIÓ EL FUTURO
El acuerdo de 1137 no creó de repente todo lo que conocemos como Corona de Aragón.
Pero abrió el camino.
Aragón y Barcelona quedaron vinculados por una unión dinástica.
Con el paso del tiempo, esa unión desarrollaría instituciones, territorios y formas de gobierno propias.
La expansión posterior hacia Valencia, Mallorca y otros territorios mediterráneos pertenece a otra etapa histórica.
No debemos proyectar el futuro sobre 1137.
Ramiro no podía saber que la unión que estaba construyendo terminaría participando siglos después en la expansión mediterránea.
No podía saber que los descendientes de Petronila gobernarían territorios que él nunca había visto.
No podía saber que Aragón y Barcelona se convertirían en el núcleo de una gran potencia mediterránea.
En 1137 solo había un problema inmediato:
garantizar la supervivencia del reino.
Y esa es precisamente la razón por la que el acuerdo resulta tan importante.
XVI. UN REY ENTRE DOS VIDAS
La vida de Ramiro II parece dividida en dos partes.
Primero, el monje.
Después, el rey.
Pero existe una tercera etapa.
El hombre que vuelve a ser monje después de haber sido rey.
En pocos años pasó de una vida religiosa relativamente apartada de la política a convertirse en protagonista de una crisis que afectaba a toda la península.
Y después volvió a apartarse.
No sabemos exactamente qué pensaba de su experiencia.
Las fuentes no permiten entrar con seguridad en su mundo interior.
Pero sí podemos observar sus decisiones.
Y esas decisiones muestran a un hombre que comprendió que su principal función como rey no consistía necesariamente en conquistar nuevos territorios.
Consistía en asegurar la continuidad.
XVII. CONCLUSIÓN: EL REY DETRÁS DE LA LEYENDA
Ramiro II de Aragón ha llegado hasta nosotros rodeado de leyendas.
La más famosa es la Campana de Huesca.
Pero la historia real resulta más interesante.
Ramiro no necesitó una campana gigantesca para cambiar el futuro de Aragón.
Le bastaron tres años.
Tres años marcados por una crisis sucesoria, una guerra política, la presión de Navarra y Castilla, la rebelión de parte de la nobleza, un matrimonio y el nacimiento de una heredera.
Cuando Alfonso I murió en 1134, nadie podía garantizar que Aragón continuaría siendo un reino independiente.
El testamento del Batallador apuntaba hacia una solución completamente diferente.
Navarra se separó.
Alfonso VII intervino.
Los nobles discutieron la sucesión.
Ramiro tuvo que luchar por su propia autoridad.
Y, sin embargo, en 1137 Aragón seguía existiendo.
Y tenía una heredera.
Petronila.
Ese fue el verdadero éxito político de Ramiro II.
No conquistó grandes territorios.
No fue un guerrero como su hermano.
No creó por sí solo la Corona de Aragón.
Pero consiguió superar una crisis que podía haber terminado con la propia continuidad de la monarquía aragonesa.
Después entregó el gobierno a Ramón Berenguer IV y regresó a la vida religiosa.
La tradición lo convirtió en el rey de la campana.
La pintura del siglo XIX lo convirtió en un símbolo.
La historiografía discutió sus fechas, sus documentos y sus decisiones.
Pero detrás de todas esas imágenes existe un personaje histórico mucho más complejo.
Un monje que se convirtió en rey.
Un rey que tuvo que aprender a gobernar.
Y un gobernante que comprendió que, en aquel momento, la mayor victoria no era conquistar un territorio.
Era conseguir que Aragón siguiera existiendo.
Por eso, cuando contemplamos hoy su sepulcro en San Pedro el Viejo de Huesca, quizá sea más interesante olvidar por un momento la campana.
Porque la verdadera historia de Ramiro II no está en una leyenda sobre cabezas y coles.
Está en los documentos.
Está en 1134.
Está en 1137.
Y está en una decisión que cambiaría la historia de Aragón durante siglos:
asegurar el futuro de un reino que, cuando él llegó al trono, todavía no tenía garantizado su propio mañana.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Fuentes medievales
Testamento de Alfonso I, Bayona, octubre de 1131, y documentación posterior relacionada con su última voluntad.
Diplomas de Ramiro II, especialmente la documentación conservada de 1134-1137.
Diploma de Barbastro, 11 de agosto de 1137.
Diploma de Ayerbe, 27 de agosto de 1137.
Documento de Zaragoza, 13 de noviembre de 1137.
Anales Toledanos Primeros.
Chronica Adefonsi imperatoris.
Ex Gestis Comitum Barcinonensium.
Crónica de San Juan de la Peña, utilizada de forma crítica para estudiar la tradición de la Campana de Huesca.
IBN ʿIDĀRĪ AL-MARRĀKUŠĪ, Al-Bayān al-Mugrib.
Bibliografía moderna
LAPEÑA PAÚL, Ana Isabel, Ramiro II de Aragón: el rey monje (1134-1137). Gijón, Trea, 2008.
UBIETO ARTETA, Antonio, Documentos de Ramiro II de Aragón. Zaragoza, Anúbar.
UBIETO ARTETA, Antonio, estudios sobre el «casamiento en casa» y la formación de la Corona de Aragón.
LACARRA Y DE MIGUEL, José María, estudios sobre la historia política de Aragón y Navarra durante los siglos XI y XII.
SCHRAMM, Percy Ernst, estudios sobre Ramiro II y la monarquía aragonesa.
TRAGGIA, Joaquín, «Ilustración del reynado de Don Ramiro II», Memorias de la Real Academia de la Historia, III, 1799.
ALVAR-EZQUERRA, Antonio, estudios sobre la tradición clásica de la Campana de Huesca.
SÁNCHEZ MARTÍNEZ, Cristina, «De Heródoto a la Campana de Huesca. Consideraciones y nueva propuesta acerca de su tradición clásica», Minerva. Revista de Filología Clásica, 30, 2017, pp. 153-186.
Recursos documentales e institucionales
DARA — Documentos y Archivos de Aragón, documentación medieval de Ramiro II y de la monarquía aragonesa.
ARCHIVO DE LA CORONA DE ARAGÓN, documentación de Ramón Berenguer IV y de la unión dinástica de 1137.
GOBIERNO DE ARAGÓN, recursos sobre Ramiro II, los reyes de Aragón y el patrimonio histórico de San Pedro el Viejo.
UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA, recursos de Historia Medieval sobre Aragón y la formación de la Corona de Aragón.
Nota final sobre la Campana de Huesca
La Campana de Huesca debe considerarse una tradición medieval posterior, no un relato contemporáneo de los acontecimientos.
La existencia de una represión de nobles durante el reinado de Ramiro II cuenta con testimonios medievales que permiten aceptar un núcleo histórico de violencia. Lo que no podemos afirmar con la misma seguridad es que las ejecuciones se desarrollaran exactamente como cuenta la tradición de la campana.
Por ello, este ensayo distingue entre el hecho histórico y la leyenda.
La leyenda explica cómo fue recordado Ramiro.
Los documentos nos permiten acercarnos, con todas sus limitaciones, al Ramiro histórico.